BENIDORM

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Benidorm se ha ido poniendo de moda. Hoy en día, los expertos en urbanismo hacen cola para elogiar su urbanismo pionero, la naturaleza sostenible de su gran ‘modelo vertical’.

La ciudad nació en un promontorio rocoso que se adentra en el mar entre dos playas, Levante y Poniente, que abarcan la bahía como dos enormes brazos.

Los imponentes macizos de las Sierras Gelada y Cortina y el descomunal Puig Campana se elevan alrededor del valle, protegiéndolo del viento y la lluvia.

Benidorm ofrece a sus millones de visitantes un idilio de libertad y placer, alejados del viento y la lluvia del mundo exterior. 

Las calles están llenas de gente hablando en una Babel de idiomas y acentos, sonriendo y caminando plácidamente.

En Benidorm todos los días es sábado. En las calles de su modernizada versión de un casco viejo mediterráneo, los turistas van y vienen engullendo helados, comprando zapatos o souvenirs pasados de moda  , o tomando pintas de cerveza al mediodía en las mesas de la terraza.

La mayor parte del casco antiguo ha sido peatonalizado y el wifi público gratuito, disponible en toda la ciudad.

Benidorm fue fundada en 1325 por el noble y diplomático catalán Bernat de Sarrià, durante siglos la villa luchó por sobrevivir y, en una ocasión (en 1438), fue atacada por piratas de la costa africana que se llevaron a toda su población para ser esclavizada, dejándola casi desierta.

Multitud de visitantes caminan por la playa de Levante a la luz de la tarde que continúa por la Alameda hacia el saliente rocoso conocido oficialmente como el Canfali y coloquialmente como El Castell.

La iglesia del pueblo todavía tiene su cúpula valenciana con azulejos azules; el pequeño puerto debajo es un recordatorio lejano del su pasado marítimo. 

La línea de rascacielos a lo largo de las dos playas, Levante en el lado norte, Poniente en el sur, forman un horizonte que rivaliza con el de Miami o Río de Janeiro.

La ciudad tiene más rascacielos por kilómetro cuadrado que cualquier otro lugar del planeta excepto Nueva York. 

Caminando al atardecer a lo largo de los bulevares de Levante y Poniente casi podrías estar en una ciudad de América Latina: fíjate en el aire suave, las palmeras y las luces brillantes. 

 

LA VILA JOIOSA

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Conocida popularmente como La Vila, su nombre significa “ciudad alegre                                                                     Al llegar lo entenderás: las calles huelen a chocolate y están salpicadas con pintorescas casas de coloristas fachadas.                                     Ubicada entre El Campello y Benidorm, La Vila Joiosa defiende otro tipo de turismo, más discreto y relajado. Los 15 kilómetros de costa de su término municipal y sus más de diez playas, el carácter de sus privilegiados habitantes y su modelo de urbanismo responsable hacen que este tradicional pueblo de pescadores sea el contrapunto al bullicio de otras localidades cercanas.

Seguro que te suenan sus fiestas de Moros y Cristianos, declaradas de Interés Turístico Internacional, que se celebran desde 1694 en honor a Santa Marta, Patrona de la ciudad. 

Razones para pasar por La Vila Joiosa… y quedarte:                       Sus fotogénicas casas con fachadas de colores o las casas colgantes policromadas sobre el río Amadorio...los balcones servían de elemento transmisor de noticias ya que, en la distancia, podían saber, en función del color de la sábana o tela que colgaba de ellos si les esperaban buenas o malas noticias . La iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, uno de los tres ejemplos de Iglesia-Fortaleza existentes en la provincia de Alicante y perteneciente al gótico catalán; la Torre de Sant Josep, la mayor de las tres torres funerarias romanas mejor conservadas de España; las Torres Vigía del siglo XVI o el recinto amurallada.                        Su gastronomía, basada en la pesca e influida por la tierra en la que se encuentra y que tanto sabe de de arroces, pescados, mojama, salazón de huevas o mariscos...compra la materia prima (gamba roja, sepionets, cigalas o atún) en el Mercado Central y dirígete a la cantina, donde te lo cocinarán en su plancha por un módico precio. Tampoco puedes perderte las tapas y arroces de Taverna El Pòsit (Avda. del Puerto 23) Restaurante Madrid (Arsenal, 1) , los pescados y mariscos de Ca Marta (Av. del Port, 37) o el caldero del Tres14 (Colón, 45) .Remata la jugada gastro con una horchata de la Heladería El Buen Gusto (Colón, 37) o con algo aún más auténtico: un Nardo Vilero, una mezcla de café granizado y absenta, una bebida refrescante con un sabor que recuerda al regaliz.

Otra de las (dulces) razones de peso para visitar La Vila es su tradicional chocolate...Chocolates Valor (Avda. Pianista Gonzalo Soriano, 13), Chocolates Marcos Tonda  (Partida Torres, 3), Chocolates Clavileño (Colón, 187) Chocolates Pérez (Partida Mediases, 1). 

 Sus tranquilas y cuidadas playas...Tienes más de diez para elegir: si prefieres las de arena, te gustará la que está en el casco urbano, junto al puerto pesquero. Es la más extensa (1 kilómetro), está adaptada para personas con movilidad reducida, es una de las cinco que tiene Bandera Azul y todo tipo de servicios. Si prefieres las más rústicas y silenciosas y no te importa que sean de cantos y arena, te recomendamos Paradís/Paraíso, que hace honor a su nombre, o Bol Nou, más recoleta y con un chiringuito que es el refugio perfecto para saborear esas largas tardes de verano. Si lo tuyo es el esnórquel, te recomendamos Estudiantes, Puntes del Moro, El Xarco, Racó de Conill y L´Esparrelló. Estas dos últimas, además, son nudistas. Y por último no se pierdan sus apetecibles negocios llenos de originalidad y encanto.

 

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